Back to basic

Por | 2018-03-22T19:37:47+00:00 Marzo 22nd, 2018|Pensamientos por ahí|0 Comentarios

Hay días, o momentos de la vida, en los que el ajetreo del momento es tan intenso que te hacen sentir que estas perdida, que el camino es erróneo o te has desviado enormemente de tus metas y sueños; es en estos momentos que hay que tomar un descanso, volver a lo básico y mirar el camino que se ha recorrido para llegar al punto en el que te encuentras.

Para mi, volver a lo básico es un ritual en el que confronto dos etapas muy importantes de la vida: El colegio y la universidad.

Mis días de universidad los pase gran parte en un viejo bar llamado “Postgrado El Holandés” (Muy ocurrente el nombre, ¿no?) este para mi era mas que un simple bar, era un lugar de reunión donde descansaba luego de una larga jornada de clases, donde me encontraba con mis amigos y planeábamos la próxima entrega.

Volver a este lugar, que ha cambiado tanto desde que me gradué, fue una gran pausa en el camino, ver extraños en el lugar donde solo encontraba amigos para darme cuenta que todo fluye y cambia por una razón, y que por más que extrañe una época de mi vida, quedarme allí sería una manera de estar estancada.

 

Postgrado el holandes

Como dato curioso, el holandes ha estado desde hace 20 años y es el unico bar cercano a la Universidad que ha resistido tanto el paso del tiempo, de los años y las generaciones.
No, no soy la única que vuelve a este lugar cuando siente la necesidad de rehacer sus pasos.

Volver a lo básico también es juntarte con tus amigas de colegio, aquellas que conoces desde chiquitas, y por ende han visto tus peores momentos, son aquellas que aparecen en las fotos que deseas ocultar del mundo, aquellas con las que creciste viéndolas crecer, las risas y chismes de colegio, las ñoñadas de Harry Potter o los sueños de viajar por el mundo nos han conectado a un nivel increíble, porque no importa el tiempo, la distancia o la falta de palabras, volver a ellas es ver las raíces con las que has crecido y florecido, mirar hacia arriba y ver que ellas siguen ahí, como siempre lo han estado, y como espero, siempre estén.

Y como obvio no podía faltar, en este camino para volver a lo básico, se termina el día con una pizza. No merece puntuación, solo diré que con un par de tragos encima sabe deliciosa y pues, que más puedes esperar de una pizza que vale $6000 la porción.

 

 

 

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