Nociones de libertad

Por | 2017-12-17T23:47:17+00:00 Diciembre 17th, 2017|Pensamientos por ahí|0 Comentarios

Esta entrada no es para hablar de lo deliciosa que es una pizza o la experiencia que tuve en otra ciudad y algunos tips para disfrutarla, esta entrada es mucho más personal: les voy a contar cómo y porqué un viaje a Perú me cambió la vida,  pero tampoco es para relatar como renuncie a todo y me dedique a viajar, porque si bien renuncie a mi trabajo y amo viajar, no vivo de esto y por lo próximo no está en mis planes coger una mochila e irme a recorrer el mundo.

Hace tres años exactamente estaba recorriendo Perú con mi mejor amiga, y este viaje fue el inicio de muchas cosas: era mi primer viaje al extranjero, el primer viaje sin mis papás, el primer viaje que me pague yo sólita con el esfuerzo de vender muchas cosas a lo largo del año, mejor dicho era el comienzo de cosas muy buenas en mi vida.

No voy a hablar de lo deliciosa que es la gastronomía peruana, o de dónde encuentran el mejor ceviche, tampoco voy a hablar de cómo llegar a Machu Picchu (hago acá el paréntesis de que ver a Machu Picchu resurgir entre la niebla es una imagen que jamás en la vida se te borra), o de lo importante que es hacer una parada para conocer el Titicaca o para explicar porque el oasis de Huacachina es el paraíso en la tierra; hoy vengo a hablar de algo mucho más importante: la libertad.

**Inserte acá frase sobre la amistad**

Va a sonar muy cursi y todo, pero con el tiempo aprendí que soy una persona que está hecha para volar, no para echar raíces. Está importante enseñanza la aprendí de alguien que tal vez no le he agradecido lo suficiente, y prácticamente solo por eso es que estoy escribiendo esto.

Al nacer de nuevo, una mariposa tarda horas en salir de su capullo, es un arduo trabajo que debe hacer sola, pues este proceso determina la fuerza que tendrá, sus alas estás húmedas y debe esperar pacientemente a que se sequen, de lo contrario su formación no estará completa y no podrá alzarse en vuelo.

Para hacer más comparaciones cursis, mi proceso de crecimiento fue tan duro como el de una mariposa, solo que no lo hice sola, para mí la compañía fue primordial, porque gracias a ella aprendí a amar la libertad de las personas, a comprender que hay gente con las que solo compartes instantes, otras con las que solo coincides en un momento de la vida, o aquellas que siempre estarán ahí, aunque no estén, y nada, absolutamente nada, podrá restar importancia a los recuerdos del tiempo vivido.

En este viaje con vos aprendí a reírme de mi misma y por ahí derecho a burlarme de todo el mundo, gracias a todas esas personas que hacen cosas charras por existir, les debo muchas horas de risa de cuenta de sus ocurrencias. Aprendí que solo se madruga feliz cuando se va a viajar, que no se habla con nadie hasta no haber desayunado, que no se pueden dejar de hacer las cosas por miedo, que hay que decirle que si a todas las comidas nuevas, que a veces el mejor plan para un sábado en la noche es simplemente dormir o que el desierto es la mejor cura para un corazón roto.

Como plus dejo esta fotografía y su historia detrás: Nunca conocerán a nadie más torpe que yo, esta fotografía la tome inmediatamente después de haberme tropezado y casi caerme por un risco en Machu Pichu, y esta es la cara que me puso Manuela la mitad debido a mis “ocurrencias”

Si algún día les interesa, y no lo he olvidado, escribiré como viajamos por Perú durante 15 días con un presupuesto muy limitado, por el momento solo diré: Cuidado con el pescado que comes al pie del lago Titicaca, tengo mis razones.

 

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